Cuando dar el pecho duele

Cuando dar el pecho duele lactancia materna ayuda

Yo iba super concienciada al hospital, creyendo que tendría una lactancia tan buena y fácil como la de mi hermana, pero no fue así. Me había grabado a fuego que «dar el pecho no duele«, pero desgraciadamente en mi caso duele… y mucho.

Un comienzo difícil

Después de un parto muy largo, lo primero que hicieron no fue colocarme al bebé encima, sino llevárselo para comprobar que estaba bien. Una vez me lo pusieron encima, él estaba muy despierto y nos miraba, pero no tenía ningún interés en buscar o engancharse a mi pecho. Pregunté a la matrona que si me lo enganchaba ya y me dijo que esperase a la pediatra, así que durante todo el piel con piel estuve con mi niño encima pero ni él se enganchó ni yo le ayudé.

Cuando por fin vino la enfermera pediátrica, intentamos que se enganchase pero me dolía muchísimo: Aunque él abría la boca, luego la cerraba mucho, como si me mordiese el pezón con las encías. Con ayuda de la enfermera le pudimos enganchar, pero una vez me quedaba yo sola, no era capaz: él luchaba, se ponía nervioso, se revolvía… y cuando por fin se enganchaba yo le dejaba mamar, aunque viese las estrellas.

Y… me aparecieron ampollas.

Para evitar que fuese a peor, me dieron pezoneras en el hospital, pero tampoco se quería enganchar a ellas, tuvimos que ayudarnos de una cánula con un poco de leche para «engañarle» hasta que por fin aceptó mamar con pezoneras. Aún así, el dolor seguía presente, pero por lo menos él se enganchaba y comía.

Y… llegó la leche

Luego llegó la subida de la leche… ¡qué dolor! Tenía el pecho como una piedra, enorme y súper sensible. La solución a esto era mucho más sencilla: 5 minutos antes de la toma, llenaba guantes con agua caliente y me los ponía en el pecho. Luego me masajeaba el pecho en pequeños círculos moviéndome en espiral hacia el pezón. Y por fin, enganchaba a mi fierecilla.

Ojalá pudiese decir que ahí acabaron todos mis problemas. Pero no. A pesar de que, gracias a las pezoneras podía amamantar a mi bebé, a mi me seguía doliendo. Sin hablar del engorro que supone usar pezoneras (lávalas, sécalas, tenlas a mano siempre que el bebé quiera…), el agobio cuando no las encuentras y tu bebé está llorando desconsolado, y que las tomas se eternizan porque, con la pezonera, los bebés tardan muchísimo más en extraer la leche.

Con ayuda de una matrona especialista en lactancia, conseguimos «reeducar» a mi niño para que cogiese el pecho sin pezonera. ¡Un éxito! Pero seguía habiendo dolor. Yo sólo pensaba… Aguanta hasta que cumpla un mes, que dicen que es el peor. Cuando llegó el mes, mi siguiente meta fueron los dos meses, luego los tres meses… El dolor no cesaba, y podría decir que cada vez iba a más…

Y tras 3 meses de dolor: la solución

Fueron incontables asesorías de lactancia, ungüentos, remedios, pruebas, hasta que, por fin, una matrona me sugirió que visitase a un osteópata porque daba la impresión que mi bebé tenía mucha tensión en la mandíbula. Parece corto, pero casi 3 meses de lactancia dolorosa no son una broma. Yo miraba el reloj, temiendo que se acercase la hora de dar el pecho. ¡Era un suplicio!

En la Clínica Lillo me hicieron un hueco de un día para otro. Y les estaré eternamente agradecida por ello. Después de esa primera sesión, llegamos a casa, le di el pecho a mi bebé… Y miraba una y otra vez que estuviese enganchado porque ¡no notaba nada!

Fueron 3 meses de mucho dolor y muchas lágrimas que me impidieron disfrutar de mi maternidad al 100%. Si lo hubiera sabido antes… No habría tardado tanto en ir a una sesión de osteopatía, pero nunca se me pasó por la cabeza que esa pudiera ser una solución.

La moraleja de esta historia es: DAR EL PECHO NO DUELE.

O, mejor dicho, dar el pecho NO TIENE QUE DOLER. (Y si duele, algo va mal.) Buscad ayuda. No escuchéis cuando os digan que «tenéis que hacer callo», que «al principio siempre duele», que «es normal». Esos «consejos» no hacen más que fomentar que millones de mujeres sigan apretando los dientes mientras le sangran los pezones y no busquen ayuda, ni una solución.

Busca ayuda cuanto antes, por ti, por tu bebé, por vosotros.

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